La vida en la ciudad: ¿Por qué rompemos las normas sociales?

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Miguel Ángel Morffe Peraza
14 junio, 2024 - Ciudadanía Sostenible

Las ciudades son centros vibrantes de interacción social, pero esta densidad también puede conducir a un mayor incumplimiento de las normas sociales formales e informales con las cuales conviven miles de ciudadanos.  En una ciudad, rodeados de personas, podemos sentirnos más anónimos y esto puede reducir la inhibición social, haciéndonos menos propensos a seguir las normas por temor al juicio de los demás.

Con una dinámica acelerada de la ciudad, la priorización de la eficiencia sobre la cortesía es un elemento intangible que impacta en múltiples formas en el ritmo de la vida. A diferencia de los pueblos pequeños, las ciudades carecen de un fuerte sentido de comunidad, lo que puede llevar a que las personas se sientan menos conectadas con sus vecinos y menos inclinadas a seguir las normas que benefician al grupo en general (Beramendi, 2014).

De igual manera, entender estos factores puede contribuir a fomentar un mejor cumplimiento de las normas en las ciudades e influir en iniciativas que fomenten la conexión social y la identidad comunitaria pueden ser claves para lograr un entorno más armonioso. (Brauer, Chaurand, 2010). Por lo tanto, el incumplimiento de las normas sociales en una ciudad es un fenómeno complejo que afecta la convivencia y el bienestar de sus habitantes, siendo crucial entender las causas y consecuencias de este comportamiento para promover una sociedad más cohesionada y respetuosa de las reglas establecidas.

Causas y consecuencias del incumplimiento

El incumplimiento de las normas sociales puede atribuirse a diversos factores, como la falta de educación cívica, la influencia del entorno, la desigualdad socioeconómica y la percepción de impunidad que tengan los ciudadanos (Páramo, 2013). Estas variables pueden generar actitudes de indiferencia o rebeldía hacia las reglas establecidas.

Así mismo, el incumplimiento de las normas sociales puede conducir a la desconfianza entre los ciudadanos, el deterioro del tejido social y el aumento de la criminalidad, generando también conflictos interpersonales y contribuir a la percepción de inseguridad en la comunidad. Para ello, desarrollar estrategias para abordar este problema, incluye la promoción de la educación cívica, el fomento de la empatía y la responsabilidad individual, así como la implementación de políticas públicas que promuevan la equidad y la justicia social.

Los Comportamientos Urbanos Responsables

Abreviados como CUR, los comportamientos urbanos responsables representan maneras de interactuar entre los individuos y con el entorno, promoviendo la sustentabilidad y la armonía en un entorno urbano diverso y complejo como la ciudad (Páramo, 2007, 2010). Estos comportamientos son esenciales para la viabilidad de la vida en áreas urbanas, donde las interacciones suelen ser entre personas desconocidas (Loflan, 1998). Por tanto, se requiere un consenso sobre la adopción mutua de ciertos comportamientos para asegurar una convivencia adecuada.

Los ejemplos de tales comportamientos incluyen: evitar interrumpir la paz de los demás, demostrar solidaridad hacia aquellos que enfrentan dificultades, abstenerse de fumar en lugares públicos, preservar el entorno mediante acciones como el cuidado de áreas verdes y parques, el manejo adecuado de desechos, así como la conservación del agua y la energía. También se destaca el respeto hacia las normativas de tráfico, el uso del transporte y los espacios públicos como recursos compartidos, y la preservación de monumentos. La base de estos Comportamientos Urbanos Responsables (CUR) radica en la naturaleza social de los seres humanos. Esto conlleva la necesidad de una estructura normativa y un entorno físico y social que fomente y respalde estos comportamientos, mediante la implementación de leyes, programas educativos y medidas de diseño urbano, con el fin de facilitar y regular las interacciones entre las personas y garantizar la convivencia (Páramo, 2013).

En fin, lograr espacios de convivencia y cumplimiento de las normas sociales que rigen la vida en una ciudad, se convierte en una ardua tarea, no solo de las autoridades, sino de todos los ciudadanos que conviven en este conglomerado urbano. Quizás la faena resulte compleja e intrincada, más cuando los intereses personales sobrepasan los intereses grupales como sociedad. Tal vez, reducir la mezquindad que gira alrededor de estos intereses, sea un elemento clave al momento de incidir desde los medios de comunicación, redes sociales e intervenciones gubernamentales en la reducción de las incongruencias entre el cumplimiento de nuestras normas y el quiebre de estas.

Referencias:

Beramendi, M. (2014). Percepción del sistema normativo, transgresión y sus correlatos psicosociales en Argentina [Tesis doctoral inédita]. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

Brauer, M., & Chaurand, N. (2010). Normas descriptivas, normas prescriptivas y control social: una comparación intercultural de las reacciones de las personas a las conductas incívicas. Revista Europea de Psicología Social, 40, 490-499. https://doi.org/10.1002/ejsp.640

Lofland, L. (1998) The public realm; Exploring the city’s quintessential social territory. New York: ALDINE De GRUYTER.

Páramo, P. (2007). El significado de los lugares públicos para la gente de Bogotá. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional.

Páramo, P. (2010). Aprendizaje situado: Creación y modificación de prácticas culturales en el espacio público urbano. Revista Psicología & Sociedade, 22(1), 130-138.

Páramo, P. (2013). Comportamiento urbano responsable: las reglas de convivencia en el espacio público. Revista Latinoamericana de Psicología. (5), 3. 473-485.  http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-05342013000300012