Las ciudades necesitan gerentes pero los ciudadanos parecen querer algo distinto

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LA Network
25 junio, 2017 - Gobernanza

Las lógicas de la sociedad contemporánea, la penetración de las redes sociales y la posverdad, parecen llevar a la gobernabilidad de las ciudades a tierras movedizas. Justo hoy cuando las urbes tienen desafíos enormes y necesitan gobernantes con mayor experiencia, capacidad gerencial y un liderazgo fortalecido, los ciudadanos parecen querer otra cosa. En este escenario todo puede ser posible e incluso podríamos vernos supeditados en el futuro a muy malos gobiernos en las ciudades pero que gocen de la favorabilidad ciudadana. Análisis de LA Network.

¿Qué explica que un alcalde con perfil gerencial, con experiencia en la administración de lo público, con un buen equipo de trabajo, tenga una imagen desfavorable para sus ciudadanos? ¿O cómo se puede entender que un mandatario sin ninguna experiencia administrativa, enfocado en gobernar solo desde las redes sociales sea percibido por los ciudadanos como un buen alcalde? Estos casos ponen en evidencia un fenómeno cada vez más creciente en las ciudades y que determinará el futuro de su gobernabilidad.

La conexión hoy es muy líquida, apelando al concepto de Zygmunt Bauman. Creo que la política cada día se está volviendo más líquida, más superflua. Las ciudades necesitan gerentes pero la ciudadanía se está dejando llevar por otro tipo de valores que podrían estar reemplazando esta necesidad de las ciudades.” afirma Augusto Reyes, Manager político, refiriéndose al nuevo escenario público.

“El punto de partida es que se ha modificado la relación del ciudadano con el poder y con los gobernantes. Las redes sociales han creado una dinámica que antes no existía y hoy el ciudadano es más exigente, más cortoplacista, menos reflexivo y quiere respuestas inmediatas”, opina Juan Carlos Velásquez, periodista experto en Gobierno y Comunicación Política.

Juan Carlos Velasquez

Tal exigencia  ha llevado al gobernante y a su equipo de comunicaciones a poner en práctica el sentido de ubicuidad y aprovechar la omnipresencia que otorgan los medios de comunicación, en especial las redes sociales, para así conectarse con los ciudadanos y darles respuesta inmediata. ¿Pero cuál es hoy entonces la conexión que existe entre la ciudadanía y los gobernantes de la ciudad? Para Reyes está clara: “Es el show, la puesta en escena.”

En esa puesta en escena, sin embargo, subyace un riesgo y es el de banalizar el ejercicio de gobierno, con consecuencias insospechadas para la democracia. El académico italiano Raffaele Simone lo explicó muy bien: “La masa no tiene la aspiración de convertirse en clase cultivada, no; impone su incultura. Eso es lo perturbador, que desaparece la aspiración a mejorar. Y eso no es democrático, porque la democracia supone elevación cultural de todos.” El alcalde, si no es inteligente, podría verse inmerso en esa lógica ciudadana y devaluar el valor político de gobernar.

Adicionalmente esa ubicuidad constante  en la calles, en las redes sociales, en los medios, aunque sea una estrategia válida, para Velásquez por sí sola es insostenible ya que “el largo plazo castiga, porque no hay posibilidad de que uno se sostenga simplemente viviendo el día a día en la calle. Administrar lo público es una actividad muy desgastante”, asegura.

El gobernante que quieren los ciudadanos

Lo que sí parece estar claro en la actualidad es que si el gobernante “no es cercano, puede ser bueno, pero para el ciudadano es insuficiente. Es una dicotomía que no tiene aún manera de resolverse.”, observa Juan Carlos Velásquez

“El ciudadano no tiene conocimiento suficiente de la ciudad pero sí una expectativa de liderazgo. Debe sentir que alguien está de cara a él, está conectado y está haciendo esfuerzos para que las cosas funcionen, la gente le agradece al gobernante ese ejercicio de lo público”, añade Velásquez

Para Miguel Jaramillo Luján, consultor y asesor en Comunicación Política y de Gobierno,  hay un elemento clave que también debe considerar el gobernante y es el de la prospectiva. “Definitivamente hoy un gobernante que no ponga a soñar a la ciudadanía en clave de futuro pues se somete al corto plazo, se somete a perder perspectiva en relación con lo que es la supervivencia de las ciudades”, explica.

Miguel Jaramillo Luján

Pero ser un buen comunicador y entender la dinámica de las redes sociales no es suficiente para ejercer un liderazgo de gobierno positivo. Debe haber un  punto de equilibrio y es el equipo de trabajo. El gabinete debe tener experiencia y capacidad de gestionar lo público. “Gestionar lo público tiene un ritmo distinto, todo se complica mucho. Si el gobernante se dedica solo a conectarse con la gente y su equipo no tiene experiencia no habrá resultado de largo plazo. Debe haber un punto de equilibrio”, admite Velásquez.

Augusto Reyes comparte esta visión al señalar que “un buen gerente de ciudad  no lo es porque hace las mejores cosas para la ciudad, sino porque sabe integrar el mejor equipo para responderle a la ciudad y para responderle a ese consumidor inmediato.”

Jaramillo Luján agrega que es imprescindible para el gobernante tener “formación en temas como contratación, en el manejo jurídico de gobierno, en la aplicación de la norma, en los temas de legalidad y en liderazgo público, que  es muy específico y muy distinto al liderazgo privado.” Así podría dar equilibrio a la manera superficial como el ciudadano valora la gestión de gobierno.

El ciudadano y los medios de comunicación

Queda claro que las valoraciones del grueso de ciudadanos a los gobernantes no parten de un conocimiento ajustado a las realidades de la ciudad ni de decisiones informadas. Por ello es necesario tener otros mecanismos para distinguir si un alcalde está haciendo bien su trabajo o no. Y entonces cabe preguntarse ¿Qué papel cumplen los medios de comunicación? “¿Si un alcalde tiene un plan de desarrollo, lo incumple, los medios son capaces de vigilar eso?  Creo que cada vez menos. Hoy por ejemplo con la posverdad hay mucha manipulación. Y los medios de comunicación, está demostrado, viven primero del escándalo, luego del espectáculo y por último de la información”, expone Juan Carlos Velásquez.

Augusto Reyes es más optimista y para él la respuesta está en la misma ciudadanía. “Yo soy un convencido, un creyente del ciudadano. Y cuando la ciudadanía se organiza hay un camino, cuando ella misma da el paso de ser un invitado de piedra a convertirse en un dinamizador de los proceso sociales ahí las cosas cambian.” Sin duda, en manos del ciudadano está la calidad de gobernantes que tenga su ciudad. Si no es así, podría sufrir las consecuencias de  que el futuro de la ciudad sea un albur.

Augusto Reyes