Zona Gris, la ciudad

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Diego Casallas Portilla
20 agosto, 2018 - Gobernanza

Zona Gris, la ciudad.

A través de los años, he pensado que el crecimiento, desarrollo y madurez de las ciudades a lo largo de su historia ha estado determinado por un sin número de aspectos sociales, económicos y físicos, que en su momento fueron claves y definieron un estilo de vida de los ciudadanos de cada época en este espacio urbano, pero en los últimos años, un fenómeno global está trazando el camino de las nuevas ciudades. Coincido con Richard Sennett en su texto «El Capitalismo y la Ciudad», cuando habla del capitalismo como transformador de costumbres y de formas de la relación de las personas con la ciudad.

El concepto de capitalismo entendido por la RAE es “un sistema basado en la propiedad privada, los medios de producción y libertad de mercado” (n.d.) en Real Academia Española.

Con este concepto, Sennett hablaba de unas virtudes existentes en las ciudades de antes, que sugiere como categóricamente necesarias para la vida en la ciudad, incluso si esta no tiene las mejores condiciones físicas, las cuales hacían que las ciudades en esa epoca tuvieran esa complejidad natural y donde la interacción social era eje fundamental del crecimiento de sus ciudadanos como personas. Yo adicionaría que esa interacción era tan importante tanto para la gente que vivía en la ciudad, como los que venían del campo a vender sus cosechas, conectando dos mundos muy distintos pero que se necesitaban el uno del otro. A partir de esto nace todo el concepto de una virtud subjetiva que yo interpreto como un crecimiento espiritual basado en el conocimiento de sí mismo, pero que se estimula gracias a la diversidad de la ciudad física y sus ciudadanos, el pensar que eres uno más dentro de un todo, pero tan diferente y auténtico. Incluso, creo que esas virtudes se mantenían con la evolución de las ciudades y los cambios de época, esa era la esencia natural de la ciudad, pero cuando inician los primeros estudios urbanos a inicios del siglo XX estas virtudes empiezan a perder su esencia, desde mi punto de vista por un ordenamiento “obligado” pero necesario, el cual alejaba esa identidad que tenía la gente con su espacio propio y en muchos casos creado por ellos mismos.

Cuando se da ese primer paso hacia el estudio de lo urbano por parte de las escuelas de Chicago y Berlín, algunos autores a través de la observación de este espacio empezaban a identificar cambios y diferencias, mas allá de la nueva forma y estructura arquitectónica, en las personas que hacían parte de este, como lo describirá Simmel “Urbanita”, y encontraban esas diferencias plasmadas en su forma de vestir, de expresarse, de interactuar con la sociedad; en mis palabras, era como una pieza del rompecabezas que no encajaba, esto como resultado del inicio de esas grandes migraciones del campo a la ciudad y entendiendo que este campo podía ser de cualquier país, incluso migraciones interoceánicas que le comenzaron a dar esos nuevos matices que para muchos eran extraños y no encajaban en lo que se estaba iniciando a conocer como la ecología de la ciudad.

Quiero resaltar que esa sensación de invasión por parte de los habitantes de estas ciudades y la sensación de las personas que llegaban buscando encajar en un espacio desconocido, era el inicio de la reconfiguración de la ciudad como espacio urbano y cosmopolita, una configuración impuesta por una necesidad económica tanto de las ciudades para su crecimiento y competitividad como de las personas para sobrevivir, cambiando por completo sus hábitos y estilo de vida tranquilo y mesurado por una nueva maquinaria que empezaba a andar.

Esta maquinaria comenzaba a crear las nuevas piezas que la pondrían en marcha y una de ellas sería la estabilización del sistema económico basado en el ordenamiento del capitalismo, como estandarización del consumo a partir de la consolidación de la producción. Con esto toda una burocratización pensada como un entendimiento entre la “gobernanza” política del pueblo y los sectores económicos y productivos.

Yo interpreto el inicio del ordenamiento de la ciudades, como la búsqueda de los factores de desempeño de los diferentes sectores como primer paso hacia un interés de eficiencia y funcionamiento óptimo en todo sentido (movilidad, industrial, vivienda, sanitario, etc.) dejando a un lado el factor humano como actor principal de este nuevo ordenamiento, desapareciendo las virtudes antes mencionadas y siendo sustituidas, como lo diría Sennett, un extrañamiento de su gente y rigidez de un nuevo sistema.

Es aquí donde esa evolución económico – social comienza a ser vinculada en los primeros planes urbanos, tanto americanos como europeos, con diferentes propuestas y perspectivas con el fin de dar respuesta a este fenómeno, desde el plan de Daniel Burnham de 1909 para chicago, queriendo aplicar esa rigidez del nuevo sistema a la ciudad, pero con una inclusión de diferentes clases sociales e inmigrantes dentro de un mismo espacio, hasta la ciudad Jardín de Howard.

Desde mi punto de vista, todo esto generó ese deseo de libertad, de expresar, de no olvidar sus orígenes, pero adaptándose a un nuevo espacio compartido que te permitía ser diferente el uno del otro, donde la ciudad crea esos tejidos de interacción y facilita la movilidad de los diferentes grupos, rompiendo así con prejuicios y paradigmas propios del espacio habitado extralimitando las barreras de la formalidad y encontrando una forma de escapar de lo cotidiano dentro de la misma urbe.

Las estructuras burocráticas rígidas predominaban como eje de un modelo de productividad y eficiencia en las actividades, que definían claros niveles jerárquicos donde todos los ciudadanos estaban en algún escalón. Con la entrada de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones, la aceleración, la competitividad, la economía de escalas y la migración de la industria, el capitalismo iba a tener ese envión que necesitaba para ejercer más presión sobre el concepto de globalización del que se viene hablando hace años, mutando de ese capitalismo rígido y burócrata a un capitalismo flexible capaz de adaptarse fácilmente a los grandes cambios, expandiéndose, a mi parecer, como un virus que no se puede contener.

Concuerdo en que este nuevo modelo de capitalismo flexible, genera pérdida de identidad y principios de interacción con tu entorno, en un inicio empresarial, que finalmente va a ser el resultado a gran escala en las ciudades, cuando el eje fundamental de crear, diseñar y formar, era la sociabilidad de sus actores. Hoy en día se puede decir que va en camino a convertirse en una utopía, y se puede analizar como un detalle que va desde lo más mínimo a lo más general, allí es donde involucra a la ciudad.

Este nuevo comportamiento global empieza a tener impacto en el desarrollo, diseño y planeación de las ciudades, iniciando con un carácter de apego a la ciudad, donde la indiferencia terminará predominando en todos sus ciudadanos, la facilidad de movilizarse dentro de un espacio geográfico cada vez mayor viviendo grandes migraciones alejándose de la idea de formalizarse en una única ciudad y vivir largos periodos de tiempo. En este aspecto los urbanistas modernos debemos desarrollar habilidades que faciliten la adaptación del planeamiento a este fenómeno, pudiendo dar respuesta y evitando que ese planeamiento se vuelva obsoleto y las ciudades pierdan el horizonte.

Colombia en los últimos años, se ha visto expuesto a todos estos fenómenos que giran alrededor de un eje económico, pero que termina impactando en la evolución de la ciudad, su infraestructura y los hábitos de sus ciudadanos, en la experiencia de los trabajadores, ya se siente ese desapego a un espacio físico debido a esa flexibilidad, como ejemplo, el teletrabajo como alternativa, donde puedes desempeñar tus labores fácilmente desde tu casa o cualquier lugar, sin necesidad de movilizarte o tener un espacio propio para eso. Este tipo de prácticas que cada día crecen más en el mundo, establecen nuevos retos de cara a planear las ciudades del futuro, donde los tejidos urbanos terminarán siendo sectores heterogéneos, pensando en que tu hogar terminará siendo tu lugar de trabajo, tu lugar de hacer compras (Mercado, ropa, entretenimiento), tu lugar de distracción, entre otros.

Incluso esa indiferencia frente al consumo de productos locales nos lleva a un proceso de estandarización del entorno, donde las alternativas del consumidor pasan por las mismas marcas posicionadas globalmente, que han trascendido las fronteras y las costumbres. En Colombia y en Latinoamérica, este fenómeno ya se vive desde hace varios años, todo esto nos hace ingresar en una «Zona Gris», explicándola como el fenómeno de la industrialización llevada a gran escala (La Ciudad), donde se busca automatizar, estandarizar, organizar, tener mayor productividad y eficiencia, pero en un entorno frío y calculador, donde todos usan el mismo «uniforme», comen lo mismo, hacen lo mismo, ya casi como máquinas, sin posibilidades de mirar a otro lado, eso mismo es lo que nos espera en las grandes ciudades. El término sociabilidad terminará siendo una utopía, ya que la flexibilidad, la estandarización del entorno y alejarse del campo cívico hacen ya parte de nuestro presente y si no cambiamos el modelo, también de nuestro futuro.

Aquí es donde está nuestro reto como urbanistas, ser fieles y conservar esa diversidad de espacios, que permita esa interacción en los diferentes tejidos urbanos y nos hagan querer mantener nuestras tradiciones respaldadas por esas virtudes de sociabilidad y subjetividad que nos hace sentir que estamos vivos.