Nuevo estudio evidencia cómo la contaminación del aire aumenta los riesgos de muerte

Nuevo estudio evidencia cómo la contaminación del aire aumenta los riesgos de muerte

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LA Network
28 enero, 2018 - Salud

Existe una asociación bien documentada entre la exposición humana a la contaminación atmosférica por partículas finas (PM2.5) y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte. Un nuevo estudio publicado por The Lancet reafirma el hecho.

Nuevo estudio evidencia cómo la contaminación del aire aumenta los riesgos de muerte
Los investigadores estudiaron los efectos de la exposición a la contaminación producida por el tránsito en adultos participantes de 60 años o más durante una caminata de 2 horas

Recientemente el estudio Global Burden of Disease (GBD) estimó que la exposición a las partículas PM2.5 contribuyó a 4.2 millones de muertes en 2015, lo que representa el quinto factor de riesgo para las muertes mundiales; de estos, la mortalidad por enfermedad cerebrovascular (ECV), es decir, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular, fue la causa de la mayoría de las muertes atribuidas a la contaminación ambiental del aire por partículas PM2.5.

Sin embargo, a pesar de estas fuertes asociaciones epidemiológicas y los efectos adversos a la salud ampliamente documentados, los mecanismos biológicos exactos y los tipos de partículas que son los principales responsables de las asociaciones entre PM2.5 y ECV no están bien definidos.

Es por ello que el investigador Rudy Sinharay y sus colegas adelantaron un estudio en el que utilizaron un diseño cruzado aleatorizado simple para obtener información sobre el tipo de polución que puede conducir a la contaminación del aire y las asociaciones con la enfermedad cerebrovascular (ECV) y que se han informado en estudios epidemiológicos poblacionales, así como para identificar cambios cardiovasculares específicos, consistentes con la causalidad de esas asociaciones.

Los investigadores estudiaron los efectos de la exposición a la contaminación producida por el tránsito en adultos participantes de 60 años o más durante una caminata de 2 horas a lo largo de la más concurrida calle comercial en Londres, Inglaterra (Oxford Street), comparada con una caminata similar en un parque cercano de Londres (Hyde Park), que tiene mucha menos contaminación del aire. Participaron 40 voluntarios sanos, 40 participantes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica y 39 participantes con cardiopatía isquémica.

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Oxford Street – Londres, Inglaterra.

En los 119 participantes, independientemente del estado de la enfermedad, caminar en Hyde Park condujo a un aumento en la función pulmonar y una disminución de la rigidez arterial, medida como la velocidad de la onda de pulso y el índice de aumento, después de la caminata. Por el contrario, estas respuestas beneficiosas se redujeron significativamente después de caminar a lo largo de Oxford Street, la más contaminada.

Específicamente, entre los voluntarios sanos, los investigadores informaron una disminución de aproximadamente 5% en la velocidad de la onda de pulso de 2 a 26 horas después de la caminata en Hyde Park, un beneficio del ejercicio que no solo fue negado sino incluso se revirtió 26 horas después de la caminata en Oxford Street (aumento del 7% en la velocidad de la onda de pulso). Por lo tanto, los beneficios multifactoriales de la actividad física de intensidad baja a moderada, como caminar, para la prevención primaria y secundaria de ECV se vieron reducidos ​​por la presencia de contaminación del aire.

En vista de esta limitación, más y más grandes estudios de exposición al mundo real como el realizado por Sinharay y sus colegas, que también evalúan nuevos biomarcadores in vivo de estrés oxidativo y oxidación de fosfolípidos podrían aclarar aún más las implicaciones clínicas de la exposición a la contaminación del aire y ampliar su aplicabilidad conocida.

Además, también se necesita evidencia adicional sobre las relaciones temporales y los efectos acumulativos a más largo plazo de la contaminación crónica del aire sobre la rigidez arterial. En general, sin embargo, los datos de Sinharay y sus colegas proporcionan una nueva evidencia significativa de una vía biológica importante entre la ECV subclínica y los efectos sistémicos de la exposición a la contaminación del aire.

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Hyde Park – Londres, Inglaterra

El diseño utilizado por Sinharay y sus colegas es especialmente importante al proporcionar datos a nivel del paciente para los dos parámetros de exposición a la contaminación del aire y las medidas de la función vascular durante un período controlado de actividad física.

El hecho de que las asociaciones fueron más significativas para el hollín de carbón negro y los componentes de partículas ultra finas del PM2.5 también concuerda con indicaciones pasadas de que, del PM2.5 en el aire ambiente, las partículas de combustión de combustibles fósiles son especialmente importantes para las asociaciones encontradas con mortalidad y morbilidad por ECV.

Los cambios en la rigidez arterial reportados en el estudio por Sinharay y colegas son biológicamente consistentes con la contaminación del aire y las asociaciones de salud ECV encontradas en los estudios poblacionales de ingresos hospitalarios y mortalidad, fortaleciendo aún más el consenso de que la asociación entre partículas y ECV es causal.

Aunque se necesitan más estudios sobre los efectos de salud respecto de todos los constituyentes individuales y fuentes de PM2.5, los resultados de este y otros estudios urbanos recientes ya indican a los gobernantes y responsables políticos  que deberían reducir la exposición pública de partículas de diésel y darle una alta prioridad al control de la contaminación atmosférica con PM2.5 y también a las estrategias para evitar más pacientes por este tipo de enfermedades.